28.2.12

La mala fe de los que abusan de la buena fe ajena

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Hoy es habitual que nos encontremos con “maestros” o “gurús” poseídos del síndrome del poder y la fama; y que ante el hecho de haber sido DISCÍPULO DE o haber pertenecido a un determinado linaje, casta, escuela u organización prestigiosa, tengan el atrevimiento de “enseñar” aquello que no fueron capaces de vivir y llevar a la práctica cotidiana coherentemente, durante toda su “carrera”. En su mayoría no se trata de verdaderos guías, sino de personalidades enfermas que se alimentan y aprovechan de la vulnerabilidad ajena apelando al lucro, la mentira, el engaño, el hermetismo y la sexualidad como medios de manipulación.
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El abuso de poder, el maltrato acotidiano y la falsa espiritualidad están a la orden del día, aprovechando tu necesidad más intima de un buen referente, no es extraño -entonces- que abunden estos personajes cuando se nos está inoculando en forma permanente que "el fin de los tiempos ha llegado", y vivimos bajo el bombardeo del estrés cotidiano, alimentado por una cantidad de estímulos que nos hacen vulnerables. Por ello, ante la gran demanda de buenos referentes basada en una verdadera necesidad de guía y orientación, no es muy buena idea entregarse a estos falsos "portadores de verdad" que, en su gran mayoría son verdaderos manipuladores que viven gracias al desconocimiento y la buena fe de aquellos que le otorgan cierto poder sobre sus vidas.
En internet puede leerse mucho acerca de estos “prototipos”, sus características como persona, sus patologías y su conducta son rasgos comunes en esta clase de sujetos.  Sin embargo, a muchos de nosotros nos cuesta creer que el mundo de la espiritualidad -y no solo el de las doctrinas e ideologías educativas, filosóficas, sociales y políticas- también se vea contaminado de tal forma.
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Vivimos tiempos de grandes cambios donde cada una de las estructuras en las que basamos nuestras creencias, y por ende nuestra propia existencia, se ven caducas y quebradas por esta misma necesidad de cambio, hacia una nueva forma de pensamiento que encaje con un nuevo estado evolutivo al cual estamos ingresando. Necesitamos una verdadera transformación.
No es extraño, entonces, que surja en nosotros una especie de revolución interna que nos anime y nos impulse hacia la búsqueda de un nuevo camino, el encuentro de nuevas respuestas que, para muchos de nosotros, se traduce en un verdadero CAMINO ESPIRITUAL. Pero para ello, justamente, algunas de las herramientas a las que debemos apelar y de las cuales no podemos prescindir son el sentido común, el discernimiento y la lucidez que mucho tienen que ver con nuestra salud mental y espiritual; sin olvidar que las experiencias previas vividas, de alguna manera nos marcan fuertemente a nivel emocional dando un rumbo distinto a nuestras vidas en el momento de hacer nuestras elecciones personales.
Por ello, es necesario ver desde qué lugar haces tu elección y desde cuál de tus aspectos personales depositarás tu confianza hacia ese otro que será quien guíe tu nuevo camino.
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Afortunadamente, no todo referente o líder espiritual tiene que ver con estas características. Cabe aclarar que los hay de verdad y que es un honor saber de ellos y experimentar su excelencia como verdaderos guías y maestros en nuestras vidas. Personas que viven en lo cotidiano una profunda espiritualidad, y que entre sus prácticas cotidianas se encuentran: el respeto hacia la individualidad y la identidad ajena, la diversidad, la libertad, la no violencia, el respeto por la vida.
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Aquí les transcribo algunas de las características que enmarcan el perfil y el accionar de este tipo de personas que, ciertamente, con un carisma muy particular, encubren una una larga lista de engaños, falacias y patologías que nada tienen que ver con la “investidura” de un verdadero maestro espiritual:
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  1. Declarar la propia iluminación. Enfocarse en su propia iluminación en lugar de enseñar el camino para alcanzarla. 
  2. Ser incapaz de recibir críticas y cuestionamientos aludiendo a tu falta de fe, tu rebeldía y tu inseguridad. Son verdaderos maestros en el arte de manipular. 
  3. El mal trato generalizado. Actuar omnipotentemente y sin responsabilidad coartando, bajo diferentes pretextos, la libertad ajena. 
  4. Privación de la libertad. Incitar a sus seguidores al aislamiento, cortando todo lazo afectivo y sus lazos familiares, alegando que ello es necesario como prueba de un “buen discípulo”. 
  5. No practicar lo que predica. 
  6. Atribuirse el mérito sobre una técnica particular de meditación, sanación, etc. Con frecuencia a los estudiantes o seguidores se les prohíbe divulgar ciertas técnicas para mantener un tipo de derecho de propiedad intelectual, comúnmente debajo de la apariencia de enseñar una técnica correctamente. Esto puede tener un fundamento coherente ya que, sin la guía de un instructor experiemntado, puede haber ciertas contraindicaciones al trabajar ciertas técnicas en forma incorrecta; pero ¡ojo! hasta cierto punto, porque no siempre es así. En Yoga, por ejemplo, se aconseja que el aprendizaje del Pranayama, sea supervizado por un instructor verdaderamente capacitado, ya que estamos exponiendo no solo la salud de nuestro cuerpo, sino también la salud de nuestra mente y nuestro espíritu. En Yoga sabemos muy bien que nuestra respiración conecta  con estos tres estadíos y que nuestra práctica debe realizarse en forma responsable.
  7. Ser adorado y venerado, aún bajo presión. Demandar amor y devoción de sus discípulos, aún sin que se conozca en profundidad al referente que elegimos.
  8. Vivir en la opulencia a costa de los donativos de sus seguidores. 
  9. Proclamar la erradicación del ego mientras alimentan el propio. 
  10. Impartir cursos y cursillos milagrosos, que no justifican su valor y cuya única finalidad es lucrar. Es improbable que se alcance una buena capacitación después de unos pocos cursillos de fin de semana obteniendo “extraños” diplomas o certificados. En nuestra sociedad al querer tenerlo todo ahora, deseamos ser capaces de comprar el desarrollo espiritual con un mínimo esfuerzo. También hay que evitar la acreditación sin sentido y aquellos cursos que no tienen validez a la hora de enseñar lo aprendido, ya que con frecuencia se utilizan sólo para fomentar que los alumnos y seguidores concurran cada vez a más cursos para terminar su preparación.
  11.  Tomar ventaja sexual de sus seguidores para obtener el manejo de sus vidas, aún bajo situaciones de extorsión. Degradar a seguidores del sexo opuesto, aludiendo a una condición de inferioridad, proponiendo ciertas técnicas abusivas para liberarse de tal condición. 
  12. La esclavitud. El abuso sexual en niños. Todo esto sucede más de lo que muchos creen. 
  13. Adular al otro y hacerlo sentir “especial” para cautivarlo. Un maestro verdadero permanecerá al margen y te permitirá tomar tu decisión sobre la aceptación de sus enseñanzas, sin tratar de influenciar el proceso.
  14.  Auto otorgarse a sí mismos menciones extravagantes. No satisfechos con ser meramente "un ser iluminado", instruyen a sus seguidores para ser llamados por ellos “Dios Encarnado”, “La Reencarnación de Buda”, “Cristo” o “El Elegido”.
  15.  Hacer reclamos falsos de linaje, esto se ve con mucha frecuencia y como nadie investiga si existe tal o cual linaje y si realmente pertenece a él, no es extraño que el linaje brille por su ausencia.
  16. Presentarse a sí mismos sin fines lucrativos. Con frecuencia presentarán sus enseñanzas gratis, mientras animan fuertemente a sus devotos a hacer grandes donaciones. De este modo pueden aparentar estar por encima de consideraciones monetarias mientras mantienen su opulencia.
  17.  Utilizar pseudo-tecnologías. Muchas ganancias falsas y organizaciones se basan en rodearse de pseudo-tecnología en un esfuerzo para presentarse con medidores científicos, dispositivos específicos de comunicación espiritual, sanación, etc. Si bien existen herramientas que hacen un valioso aporte, en su mayoría son charlatanerías con las cuales se lucra sin beneficios reales para quien las adquiere. Ante el desconocimiento propio, es mejor informarse correctamente.
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27.2.12

Ujjāyī prāṇāyāma

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En ujjāyī prāṇāyāma el sonido de la respiración procede de la parte superior de la garganta. La parte superior (concretamente, la glotis) debe contraerse ligeramente y el aire, que entra a través de las fosas nasales sin ruido alguno, cuando alcanza la laringe produce un ligeo sonido de “viento”. Este sonido no debe ser fuerte; solo debe ser moderadamente audible para el practicante. De esta manera, la fricción del aire así frenado engendra un sonido sordo y contínuo, que no se produce ni por las cuerdas vocales ni por el roce del aire contra el velo del paladar como en el ronquido.
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La diferencia entre respirar de forma sonora (ujjāyī prāṇāyāma) y respirar silenciosamente se halla en que al contraer la laringe se crea también una ligera contracción en los músculos intercostales. Esto hace que el aire que se inspira rozando las paredes internas del pecho, “empuje” dichas paredes para expandir el pecho.
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Por otro lado, en la respiración silenciosa, en donde no hay sonido porque la respiración se lleva hacia el interior, el pecho se expande por si mismo antes de que el aire penetre, creando así un vacío que es llenado con el aire inspirado. La trayectoria para ambas es la misma, iniciando la inspiración en el bajo abdomen y moviéndose hacia arriba a lo largo del eje espinal; la espiración es en sentido inverso, hacia el bajo abdomen.
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Sus efectos:
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Esta técnica es beneficiosa para los problemas de corazón. Activa la circulación venosa, debido al efecto de succión que ejerce la esponja pulmonar a consecuencia del aumento de la presión intrapulmonar. Provoca la interiorización mental al dirigir la atención al paso del aire por las fosas nasales y al ruido continuo.

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El mundo en el límite

Por Vandana Shiva
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La producción de ignorancia:

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En 1992, ciudadanos y gobiernos se reunieron en Río para ocuparse de las amenazas ecológicas más graves de nuestro tiempo: el cambio climático, la erosión de la biodiversidad, la disminución y contaminación de los recursos acuíferos y la acumulación de residuos tóxicos. Sin embargo, ya antes de que la comunidad internacional pudiera empezar a dar los pasos titubeantes para desarrollar el programa de Rio, surgida de la Cumbre de la Tierra, otro programa de globalización y libre comercio barrió el mundo como un huracán, anuló todos los avances ambientales, aumentó las presiones sobre el medio ambiente y engendró nuevos riesgos ecológicos como la producción de organismos modificados genéticamente.
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Comenzamos el nuevo milenio con una producción deliberada de ignorancia sobre peligros ecológicos como la desregulación de la protección ambiental y la destrucción de los modos de vida ecológicamente sostenibles de comunidades agrícolas, tribales, pastorales y artesanas del Tercer Mundo. Estas gentes se están convirtiendo en los nuevos refugiados ambientales del mundo. Para los dos tercios más pobres de la humanidad, que viven en el Sur, el capital natural es su fuente de vida y sostén. La destrucción, desviación y apropiación de sus ecosistemas para extraer recursos naturales o arrojar residuos genera una carga desproporcionada para los pobres. En un mundo de comercio global y liberalizado, en el que todo es vendible y la potencia económica es el único factor determinante del poder y el control, los recursos se trasladan de los pobres a los ricos, y la contaminación se traslada de los ricos a los pobres. El resultado es un apartheid ambiental a escala mundial.
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La globalización como apartheid ambiental:

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El libre comercio global ha provocado una destrucción en todo el mundo que sigue una pauta asimétrica. La economía internacional está controlada por las empresas del hemisferio Norte, que explotan cada vez más los recursos del Tercer Mundo para sus actividades internacionales. El Sur es el que carga con una parte desproporcionadamente grande del lastre ambiental de la economía globalizada. La crisis social y ambiental que vivimos exige que la economía mundial se atenga a unos límites ambientales y a las necesidades de la supervivencia humana. Pero instituciones internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional ~ (FMI) y la Organización Mundial de Comercio (OMC) imponen los costes de ese ajuste a la naturaleza, las mujeres y el Tercer Mundo. En los que el Banco Mundial denomina PMD (países menos desarrollados), el ajuste estructural y las medidas de liberalización comercial están empezando a ser la amenaza más grave para las vidas humanas. . Aunque las cinco últimas décadas se han caracterizado por la difusión mundial de un desarrollo mal orientado y la exportación de un paradigma industrial occidental y no sostenible, en nombre del desarrollo, las tendencias recientes se orientan hacia un apartheid ambiental en el que, a través de la política global establecida por la «santísima trinidad», las empresas multinacionales de Occidente, apoyadas por los gobiernos de los países económicamente poderosos, intentan conservar el poder económico del Norte y la vida de derroche de los ricos.
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Para ello exportan los costes ambientales al Tercer Mundo. Las industrias hambrientas de recursos y muy contaminantes se trasladan al Sur gracias a la economía del libre comercio. Lawrence Summers, que fue economista jefe del Banco Mundial, fue el responsable del Informe sobre el Desarrollo Mundial de 1992, dedicado a la economía del medio ambiente. Llegaba a sugerir que era lógico, desde el punto de vista económico, transferir las industrias muy contaminantes a los países del Tercer Mundo. En un memorándum enviado el 12 de diciembre de 1991 a las autoridades del Banco, el economista jefe escribía: «Entre nosotros, ¿no debería el Banco Mundial fomentar más la emigración de las industrias sucias a los países menos desarrollados?». Surnmers justificaba la lógica económica de aumentar la contaminación en el Tercer Mundo con tres argumentos. Primero, puesto que los salarios son bajos en el Tercer Mundo, los costes económicos de la contaminación, causados por el aumento de las enfermedades y las muertes, serán menores en los países más pobres. Según Summers, «la lógica del traslado de los contaminantes a los países con menores salarios es impecable, y deberíamos asumido». Segundo, dado que en grandes áreas del Tercer Mundo la contaminación es todavía baja, a Summers le parecía sensato introducir más. «Siempre he pensado -escribía- que los países de África están demasiado poco contaminados; la calidad del aire, probablemente, es excesiva e innecesaria, en comparación con Los Ángeles o México, D.F.» Por último, dado que los pobres son pobres, no es posible que se preocupen por los problemas ambientales. «La preocupación por un agente que causa una posibilidad en un millón de tener cáncer de próstata, desde luego, será mucho mayor en un país en el que la gente vive lo bastante como para tener cáncer de próstata, que en otro donde la mortalidad antes de los cinco años es de 200 por mil.» Lawrence Summers recomienda el traslado de las industrias peligrosas y contaminantes al Tercer Mundo porque, en términos estrictamente económicos, la vida es más barata en los países pobres. La lógica de los economistas valora la vida de forma distinta en el norte rico y el sur pobre, pero la vida es preciosa para todos. Es igualmente valiosa para ricos y pobres, blancos y negros, hombres y mujeres. En este contexto, los últimos intentos del Norte de asociar las condiciones comerciales al medio ambiente, utilizando plataformas como la OMC, deben considerarse como un intento de beneficiarse del apartheid ambiental y económico. Ningún país occidental ha interrumpido la exportación de sus peligros, sus residuos y sus industrias contaminantes al Sur.
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Sigue leyendo en: El mundo en el límite_Vandana Shiva

25.2.12

Una minoría esclarecida

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En el seno de la humanidad, una corriente minoritaria de individuos –hombres y mujeres– es hoy portadora de una sensibilidad y una visión del mundo que, a pesar de no ocupar espacio significativo en las noticias, está destinada a incidir paulatinamente en los asuntos fundamentales de la experiencia humana en la tierra. Su quórum crucial ha venido consolidándose durante las últimas décadas, no como resultado de una conspiración intencional sino como emergente del potencial evolutivo de nuestra especie.
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No responde a un denominador común. Aunque se basa en una expresa espiritualidad, no forma parte de las rutinas esotéricas de la llamada Nueva Era y tampoco procura la revitalización de las religiones tradicionales de Occidente. Puede decirse que sus partícipes se esmeran en pasar inadvertidos, aunque sus actividades no son secretas ni clandestinas. Están absolutamente “a la vista”, pero nada de lo que hacen o dicen o publican manifiesta la intención de trazar una línea divisoria entre el ayer y la mañana de la civilización. Aunque en el fondo, están sembrando sutilmente semillas de trasformación irreversible.
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Lejos de constituir una secta infiltrada en el ámbito público y privado de la sociedad actual, los componentes de esta minoría esclarecida confluyen a menudo entre sí para concretar simposios nacionales o internacionales; pero nunca fundan macro-estructuras funcionales, sino que retoman su quehacer cotidiano en escala reducida por dos motivos esenciales. No creen en las movilizaciones masivas y, tras analizar el desempeño de otras iniciativas análogas del pasado, se cuidan de ser perturbados por provocadores ideológicos o personas desequilibradas. En cierta medida, se inscriben en la “insurrección invisible de un millón de almas” que describiera hace cincuenta años el pensador escocés Alexander Trocchi.
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Un factor referencial concreto de esta familia planetaria pasa por sinapsis avanzadas del neo-córtex humano sobre las cuales han reflexionado intensa y hondamente exploradores tan dispares como Jan Christian Smuts, Ira Progoff, Sri Aurobindo, Paul McLean, Arthur Koestler, David Spangler, Ken Wilber y Francisco Varela. El cerebro de numerosos adultos atraviesa hoy situaciones radicales de esclarecimiento (incompatibles con el discurso o la prédica publicitaria) que no deben confundirse con el concepto de “iluminación” frecuente en muchos credos orientales.
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Tal lucidez no se limita al refinamiento de la percepción y la comprensión del significado de la vida tal como la conocemos, sino que apunta a la reformulación de la vida colectiva en términos pacíficos y solidarios. Algunos hitos de su carácter experimental han sido concretados en la India (Auroville), en Escocia (Findhorn) y el desierto de Arizona (Arcosanti).
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Entretanto, la acentuada implantación en los medios de comunicación social de la problemática del Calentamiento Global, que durante las décadas precedentes fue omitida pese a su seriedad irrefutable, matiza los primeros pasos corporativos apuntados a promover una denominada Revolución Eco-Económica. Las mismas fuerzas del mercado que se beneficiaron con la violación del equilibrio natural terrestre, ahora se postulan como líderes y campeonas de una supuesta “renovación verde” globalizada.
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En otra órbita, uno de los más inspirados observadores de estos procesos históricos –donde la ecología espiritual se presenta como referente fundamental– ha sido el historiador estadounidense William Irwin Thompson. Los ha explicado como secuencias de “ecologías culturales” acotadas por la geografía, y los resumió en cuatro transiciones de orden material y metafísico.
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En principio, antaño la primera ecología cultural del hombre fue fluvial y surgió en la cuenca de los ríos Éufrates y Tigris. La siguiente fue marítima y floreció en el área de influencia del Mediterráneo y la identidad greco-romana. Hacia el 1500, las grandes exploraciones llevaron a los hombres a navegar el océano, y prologaron la etapa atlántica de la historia y la implantación del hoy menguante imperio estadounidense. Según Thompson, la corriente sigue desplazándose hacia el extremo Oriente y nos hallaríamos en los albores de una civilización del Pacífico. La irrupción de China e India como eventuales potencias mundiales incide profundamente en el replanteo de todo lo que se ha dado por llamar “globalización”.
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El mismo historiador considera que para no desembocar en un apocalipsis estructural serán prioritarias las ya citadas cuatro macro-reformulaciones. Las materiales remiten a la descentralización de las ciudades y la miniaturización de la tecnología. Las espirituales pasan por la interiorización de la conciencia y la planetización de la humanidad. A estas dos últimas realizaciones se encuentran también abocadas todas las iniciativas de otra “minoría”, que en Estados Unidos incluye a una vertiente de activistas llamados “creativos culturales”.
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Hace dos siglos, el filósofo Georg Hegel expresó: “La historia como un todo es una revelación progresiva de lo Absoluto, desplegada gradualmente.” Y sabemos que todos los grandes cambios comenzaron siempre como ráfagas sutiles de recreación.
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Miguel Grinberg 
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7.2.12

Esoterismo del pranayama

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La utilización de la respiración como método para lograr un estado meditativo es muy antigua. No solo en Yoga, sino también en el budismo (artes marciales, zen, budismo tibetano, vipassana), el taoismo, los sufíes, los monjes hesicastas. Todos estos sistemas utilizan la respiración y, sobre todo, la atención a su movimiento y su “manipulación”, con el objeto de progresar física y espiritualmente.
El movimiento respiratorio es uno de los pocos que puede efectuarse tanto a nivel consciente como inconsciente, y en Yoga se supone que sirve de puente de unión entre el aspecto mas grosero (físico) y el mas sutil (espiritual) del ser humano.
Por otro lado, en todas las tradiciones, pero especialmente en las orientales, el control de la respiración se asocia con el control de la energía básica, entendiendo como energía básica la energía primordial que es común a toda otra manifestación de energía; es decir, aquello que forma el substrato de las energías electromagnéticas, atómicas, gravitacionales, etc.
La nueva física persigue desde hace tiempo una “teoría unificada” que daría explicación racional a este concepto de energía básica.
En cualquier caso, este concepto se conoce en las distintas tradiciones espirituales de forma intuitiva, dándole nombres como “ki”, “chi”, “orgón”, “prana” o “kundalini”. Nada de todo esto ha sido demostrado cientificamente, pero ello no impide que los individuos, dentro de sus tradiciones espirituales, experimenten hechos reales que, mas tarde, justifiquen con explicaciones basadas en una energía universal.

En la historia del Yoga, la técnica del control de la respiración es muy antigua. Ya en el Rig Veda (hace seis o siete mil años) se menciona el prana y el control de la respiración como método que sigue el sabio.
Lógicamente, desde entonces, dicho control respiratorio ha evolucionado y, no es lo mismo el pranayama de Patanjali (enfocado hacia la consecución de un estado de serenidad y calma mental, o como peldaño en la escalera que conduce a estados superiores de conciencia), que el pranayama desarrollado durante la edad media por escuelas tántricas y de hatha yoga (enfocado a desarrollar poderes paranormales y provocar experiencias visionarias que, si no se ejecutan bajo la dirección de un maestro cualificado, pueden conducir a trastornos psíquicos). Para llegar a esos extremos la práctica tendría que ser exclusiva, de dedicación total; se debería practicar pranayama ocho veces al día, durante una o dos horas cada vez, siempre con retenciones de la respiración de más de tres minutos. Evidentemente, esto está muy lejos de lo que podemos practicar en nuestra vida ordinaria.

En occidente, cuando una persona practica Yoga y decide completar la sesión de asanas con la práctica del pranayama, normalmente no le dedica mas de media hora diaria (en muchos casos 10 ó 15 minutos). Con esta práctica, todo esto del despertar de kundalini, percepción extrasensorial, poderes síquicos, luces y sonidos, etc., es más una exageración para atraer practicantes, que una realidad.

Yogadarshana
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19.1.12